Etología clínica. Ansiedad por Separación. Primera parte Imprimir
Etología canina
Escrito por Javier Pérez Blanca   
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Javier Pérez Blanca. Máster en Etología Canina y Curso de Etología Canina Avanzada, certificados por (AEPE). Curso teórico práctico de etología Canina y Felina (Facultad de Veterinaria de La Universidad de Extremadura,), Curso de Etología Clínica y Bienestar Animal (Facultad de Veterinaria de la Universidad de Extremadura). Experto en problemas de comportamiento, modificación de conducta, Asesor y Terapeuta Canino. Trabaja en el Área de Etología Aplicada y Clínica de la Asociación para el Estudio del Perro y su Entorno (www.aepe.net) de la que es socio. Directivo, Vocal de Publicaciones y Actividades de dicha Asociación. Profesor adjunto de las asignaturas de Etología Fundamental, Aprendizaje Animal y Etología Canina del Curso Máster en Etología Canina siendo su Director, Don Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros.

 

Cuántas veces hemos oído en la consulta de nuestro Veterinario o en cualquier parque, a personas con perros hacer comentarios referentes a que, a la vuelta del trabajo o de cualquier salida de casa, se han encontrado con que éstos han destrozado muebles, han arañado puertas, se han orinado o defecado, han vomitado y además, han sufrido las quejas o denuncias de sus vecinos porque el animal se ha pasado horas ladrando. Ante esta situación nos preguntamos: ¿Qué está pasando con el perro? Nos damos cuenta entonces de que las expectativas que teníamos antes de la llegada del animal a casa no se cumplen, en cuanto a que no lleva en su bagaje genético “la educación que hemos observado en otros, ni piensa igual que nosotros, ni es una máquina perfecta que siempre obedece y nunca se equivoca”, a pesar del desembolso que nos ha supuesto y que a veces alcanza una cantidad importante de euros.

Este artículo pretende desvelar ese “comportamiento”, por qué se produce, qué sienten los animales que lo padecen y en definitiva, cuál debe ser nuestra actitud ante la situación de sufrimiento del perro que conlleva, en un porcentaje bastante alto, el abandono del mismo en el mejor de los casos, si no la eutanasia.

La Ansiedad por Separación, podría definirse como el conjunto de manifestaciones relativas al comportamiento que sufren algunos perros cuando se separan de sus dueños. Estos cambios de conducta se dan como consecuencia de una respuesta de miedo o ansiedad del animal.

La ansiedad por separación no es consecuencia de una conducta sexualmente dimórfica y puede aparecer en animales de cualquier sexo, raza y edad. La castración de éstos no corrige el problema.

Parece ser, según fuentes consultadas, que los trastornos relacionados con la separación del dueño representan entre el 20 y el 40% del total de las consultas de etología clínica que se realizan en Estados Unidos, (Simpson BS., 2000); pero además, según lo que se desprende de un estudio reciente realizado entre veterinarios del Reino Unido (Guthrie A.,1999), este trastorno parece afectar aproximadamente al 15% de la población general de perros.

Debido a que existen numerosas causas que no son debidas a la ansiedad en sí, últimamente se tiende a mencionar este problema como “trastornos relacionados a la separación del dueño”, de los cuales uno de ellos es la ansiedad o angustia por separación.

Como factores de riesgo o predisponentes en un animal o su entorno para desarrollar este problema, se pueden enumerar los siguientes:

  • Tendencia del perro a ser dependiente de su dueño.
  • Perros mestizos.
  • Perros recogidos de refugios.
  • Destete demasiado precoz.
  • Llegada de un nuevo miembro a la familia.
  • Disfunción cognitiva.
  • Perros que pasan largos períodos de tiempo en residencias.
  • Machos.
  • Que el perro se haya quedado solo siendo muy joven.
  • Existencia de una mudanza.
  • Periodos largos sin separase del dueño o separado del mismo.
  • Experiencias traumáticas en sus primeros meses de vida.


La ansiedad por separación puede manifestarse de distintas maneras. Estos síntomas pueden ser debidos a otros trastornos del comportamiento u orgánicos, por lo que siempre habrá que hacer un diagnóstico diferencial en animales que presentan:

  • Vocalización excesiva.
  • Problemas en la tráquea y amígdalas por el exceso de los ladridos.
  • Micción y/o defecación inadecuadas.
  • Conducta destructiva.
  • Anorexia y letargia.
  • Que el perro deje huellas húmedas por sudor de las almohadillas.
  • Dermatitis acral por lamido.
  • Automutilación y salivación excesiva.


"En general, existen tres criterios que permiten diagnosticar un caso de ansiedad por separación. En primer lugar el problema se manifiesta única y exclusivamente cuando el perro no tiene acceso a los propietarios. En segundo lugar, el problema aparece prácticamente siempre que el perro no tiene acceso a los propietarios. Finalmente, los cambios de conducta empiezan a manifestarse muy poco tiempo después de que el perro se quede solo" (Manteca X., 2003)

En cualquier caso, el bienestar del animal está comprometido y éste describe una respuesta de ansiedad ante la ausencia de su dueño que podemos empezar a ver incluso antes de que éste salga. El perro anticipa la salida y la ansiedad crece hasta el momento en que el dueño se va, momento en el que perro aumenta considerablemente su frustración pues ve que no puede controlar la situación. Su pico de actuación suele ser de media a una hora después de su salida. Luego puede disminuir la ansiedad lentamente o puede tener altibajos dentro del tiempo de ausencia del propietario.



Es necesario significar que normalmente los perros “tipo” tienen una gran dependencia hacia su dueño y se ponen muy nerviosos cuando éste sale o llega a su domicilio, pero no todos los perros que hacen esto tienen por qué sufrir ansiedad por separación y viceversa. Los síntomas que hemos descrito anteriormente pueden ser debidos a otras causas.

Un dato curioso es la posibilidad de que la conducta destructiva sea debida a que el animal aprovecha el momento en que no está su dueño para jugar y desarrollar conductas exploratorias normales en él, porque en presencia de éste es regañado cuando las realiza. Aunque algunos de estos últimos signos comentados no supongan un problema para el dueño, es importante tratar de identificarlos ya que el animal puede estar sometido a un estrés importante y pasar éste desapercibido para nosotros. Por ello, una medida muy interesante a tener en cuenta, siempre que exista la sospecha por parte del propietario de que puede existir un problema de ansiedad por separación, es la grabación en video del animal cuando se queda solo en la casa. Esta grabación permitirá también descartar otras causas del problema que debemos tener en cuenta a la hora de hacer el diagnóstico diferencial.

Estudiando al lobo, hemos comprobado que los cachorros normalmente no dejan su “hogar” hasta la cuarta semana aproximadamente, pero "en ese momento las excursiones acaban con el regreso a la seguridad de la guarida" (Lindsay, 2000). El apego de los lobeznos en esa edad es más de espacio que social, pero a medida que van creciendo aumenta la familiaridad con el entorno, por lo que sus relaciones sociales comienzan a desarrollarse con los demás miembros de la manada. Sus progenitores les empiezan dejar animales muertos con el fin de que coman y jueguen con ellos y de esa manera “aprendan” el arte de la caza. "Este proceso de maduración biológica e integración en la manada es gradual y tiene un temporalización perfecta. La angustia por separación rara vez se convierte en un problema o trastorno en estas condiciones" (O´Heare J., 2004).

El perro doméstico, que comparte el 99,8% del ADN mitocondrial con el lobo, lógicamente lo hace también con la mayoría de sus características más profundas, pero la domesticación ha hecho que algunos comportamientos difieran de su ancestro. La experiencia nos dice que cuando el perro nace y se encuentra en su período neonatal, algunos criadores los separan de la madre antes de tiempo, no los dejan incluso que pasen el período de socialización con ella y sus hermanos, lo cual conlleva unos resultados desastrosos para el cachorro tanto desde el punto de vista biológico como psicológico Vemos pues que no hay una separación progresiva como en los lobos. Es aconsejable que a los cachorros se les acostumbre paulatinamente a soportar períodos de soledad, ya que si no pueden presentar un cuadro de ansiedad cuando toda la “familia-jauría” lo abandona o es abandonado por su Súper Alfa. El perro, al integrarse en el seno de una familia, intenta tomar su posición en ella pero sabe perfectamente diferenciar quién es su figura de apego.

El apego es el lazo emocional de un individuo hacia otro, que lo lleva a procurar la cercanía física hacia la figura de dependencia (puede ser el dueño o cualquier otro miembro de la familia) El hiperapego suele ser reforzado por el dueño, unas veces a sabiendas y otras por desconocimiento (conducta reforzada por el propietario), lo que hace que el animal desarrolle la angustia o ansiedad por separación.

Analizando lo anterior, debemos preguntarnos: ¿Qué siente el cachorro que es separado de su madre y hermanos y es trasladado a un lugar desconocido? Evidentemente un estrés enorme. Ya no siente la presencia de su progenitora ni de sus hermanos, se siente perdido, comienzan los ladridos con el fin de reunirse con la manada y aparece inevitablemente la tan temida “ansiedad”, que a buen seguro no será bien recibida por el propietario que adquirió ese cachorro. En el mejor de los casos su dueño le gritará o castigará con el fin de que cese en su actitud, lo que aumentará el cuadro de angustia que ya presenta el animal, creando en él unos miedos que no sabrá cómo resolver.

"Como sabemos, el individuo más apto (en libertad) sería el que mejor evitara la depredación, tuviese más acceso a las fuentes de recurso y obtuviera más éxito reproductor. Nuestros perros, con sólo un periodo de domesticación de dieciséis mil años, no pueden haber olvidado, en su mensaje genético, que el desastre natural los afecta sobremanera en sus factores de supervivencia. Tampoco el que una experiencia novedosa puede ser la responsable de su extinción ya que no estarían capacitados para resolverla. Tampoco habrán olvidado que una comunicación agonística intensa por parte de un dominante, puede ser un aviso de muerte inmediata" (Pozuelos, 2003)

Ese cachorro angustiado en su nuevo “hogar” en el que todo es nuevo para él, en el que recibe señales agonísticas casi constantemente y en el que incluso pasa horas en solitario sin poder ver a los miembros de su manada humana, comienza a adaptarse para poder sobrevivir en su nuevo “ecosistema” Pero debemos resaltar que esas experiencias sufridas y la predisposición genética pueden hacer “mella” en el estado psicológico del perro cuando llegue a su edad adulta. Por eso un programa bien planificado y realizado de manipulaciones en el período neonatal del cachorro, así como una buena socialización del mismo, disminuirán en gran medida este tipo de problemas.

Parece ser que las causas que provocan o desencadenan la ansiedad por separación no están totalmente claras; hay distintas opiniones según algunos. Unos la comparan con estudios realizados en la especie humana sobre la separación de niños de sus madres, que sufren un tipo de ansiedad que aunque pasan por distintos estadios, es parecido al cuadro sufrido por los perros; aunque en estos casos continúan hasta la edad adulta.

La neotenia ha producido una dependencia del perro hacia el hombre, creando el potencial suficiente para que se produzca un hiperapego hacia éste, de tal manera que los perros adultos serían unos eternos cachorros apegados a sus madres.

La ansiedad por separación también ha sido relacionada con las fobias, pues los perros que las sufren tienen más predisposición a sufrir la angustia ante la ausencia de su figura de apego. Asimismo, los traumas sufridos por diversos motivos son factores desencadenantes; sirvan como ejemplo los castigos indiscriminados en los que el perro no es capaz de diferenciar lo que está bien o mal, llevándolos aún más a esa situación inestable de la que hemos hablado.

 

 

¿Qué debemos hacer ante una situación que presente las características anteriores?


Ante todo, debemos acudir a nuestro veterinario con el fin de que pueda descartar cualquier problema orgánico en nuestro animal. Éste efectuará un análisis de sangre, orina y heces y hará un exhaustivo reconocimiento general, ya que hay muchas causas médicas posibles para los problemas de comportamiento que no son tan obvias y que requieren un estudio algo más profundo por parte del clínico. Si vemos que los comportamientos que hemos descrito no son producidos por alguna patología orgánica, tendremos que elaborar un protocolo de actuación que empezará por realizar una anamnesis lo más completa posible al propietario del perro. Grabaremos al perro en las diferentes situaciones, es decir, cuando se encuentra con el propietario y familiares y cuando se queda solo. Hay que comprobar también si, por ejemplo, las vocalizaciones son debidas a la presencia de otros perros que se encuentran en el exterior o personas que pasan cerca de donde el animal se encuentra.

Después debemos efectuar el estudio profundo de esta anamnesis para poder elaborar un diagnóstico lo más ajustado posible a su problema. Seguidamente realizaremos el diagnóstico diferencial de cada unos de los síntomas que presenta y dentro de ellos, ver otros posibles comportamientos anómalos que nos podría llevar a descartar la ansiedad por separación.

 


¿Qué pronóstico tiene la ansiedad o angustia por separación?


El pronóstico de este tipo de problema de comportamiento es bastante bueno y hay un índice de éxito bastante elevado. Algunos estudiosos del comportamiento canino sitúan la mejoría de estos animales entre un 70 y un 80% aproximadamente (Simpson BS., 2000 y Beata C., 1997)

En los trabajos realizados por algunos autores (Takeuchi et al., 2000) se observó que "los perros abandonados o recogidos de albergues que padecían ansiedad por separación, parecían responder peor al tratamiento en comparación con los animales comprados en tiendas o a criadores". Vemos pues, que existen factores que intervienen directamente en el pronóstico de la ansiedad por separación. Algunos expertos han manifestado que "los animales que han superado un problema de angustia por separación, tienen un riesgo elevado de padecerlo de forma más severa en caso de que vuelva a aparecer" (Overall KL, Dunham AE, Frank D., 2001)

 

¿Cuál sería su Tratamiento?


Antes de acometer la tarea de tratar al animal, hay que resaltar que el éxito del protocolo elaborado a priori depende en gran medida de la implicación del dueño en el tratamiento, es decir, necesitamos de su colaboración. Será más fácil corregir el problema en perros jóvenes, en los que llevan menos tiempo desarrollando las conductas inadecuadas y en los que manifiestan sólo alguna de las conductas propias de la ansiedad o angustia por separación.

El tratamiento constará de tres fases combinadas entre sí: modificación del entorno, modificación conductual y terapia farmacológica.

  • Modificación del Entorno
Trataremos de minimizar la intensidad de estímulos externos que agraven el problema del animal, por lo que debemos proveerlo de un lugar de seguridad, es decir, de una zona donde el perro pueda estar sin que pueda causarse daño alguno. Asimismo, cambiaremos de vez en cuando los juguetes que el perro tiene a su disposición y que no deben ser más de dos, ya que un número elevado de ellos termina por aburrir al perro.

 

  • Modificación Conductual
  • Fijaremos una rutina diaria para el perro, estableciendo unas reglas claras y firmes.
  • Para tener un mayor control del perro, practicaremos el adiestramiento en obediencia básica.
  • Haremos que el perro “trabaje” por cada cosa que desee.
  • Para moderar el “hiperapego” tendremos que promover su independencia, por lo que disminuiremos las muestras de afecto y el contacto físico, ignorando al perro cuando muestre los síntomas de ansiedad. Es muy importante romper los estereotipos de las rutinas de salida y de llegada e ignorar al animal en estas situaciones. Por último, fomentaremos la interacción del perro con otras personas diferentes a las de apego.
  • En fundamental la estimulación mental y física, por lo que debemos aumentar el ejercicio físico. Podemos practicar algún deporte con el perro o apuntarlo a algún club de Agility.
  • Los juguetes interactivos tipo Kong, suelen dar buen resultado al tenerlos bastante entretenidos, pero debemos dárselos un tiempo considerable antes de la salida para que no lo relacionen con ella. También existen investigaciones donde ha quedado demostrado que los juguetes blandos como una toalla o una camiseta son los mejores calmantes para la angustia del perro que se queda solo.
  • También se ha demostrado que el perro se queda más tranquilo en ausencia de su dueño cuando se le deja encendida la televisión, una radio o se pone alguna música suave.
  • Para habituar al perro a las salidas de su dueño habrá que confinarlo en su lugar de “seguridad”, como dijimos anteriormente. Igualmente habrá que salir y entrar de la casa durante períodos cortos pero frecuentes para que el perro no tenga noción del tiempo que se está en el exterior y no llegue a angustiarse, aumentando progresivamente el tiempo que se está fuera de la casa.

 

Nunca se castigará al perro por reincidencias o por conductas realizadas durante la ausencia del dueño, pues nunca comprendería la razón del castigo, con lo que se conseguiría únicamente aumentar mucho más su ansiedad.

 

  • Terapia farmacológica

En cualquier tratamiento de conducta, los medicamentos no se usarán solos como único remedio, ya que al cesar la administración de éstos el problema volvería a aparecer. Resaltar que los medicamentos a utilizar tienen que ser los adecuados para la causa del comportamiento anómalo, es decir no vale el mismo para todos los problemas, teniendo siempre muy en cuenta los efectos secundarios de cada uno de ellos, pues los tratamientos normalmente suelen ser de larga duración.

Los medicamentos serán recetados por el veterinario en todas las ocasiones que el animal lo necesite, pero los que se usan habitualmente son antidepresivos tricíclicos como la clomipramina, que es el único que se comercializa actualmente para veterinaria en España como tratamiento para este tipo de conducta en perros.

La dosis de Clomipramina deberá siempre ser impuesta por el veterinario, aunque se puede decir que lo ideal al comienzo del tratamiento sería de 1 mg. por kilogramo de peso del perro, cada 12 horas durante las dos primeras semanas. Posteriormente se aumentaría a 2 mg. por kilo durante dos semanas más y se finalizará con 3 mg. por kilogramo, al menos durante cuatro semanas. Si el problema ha desaparecido se irá retirando la medicación de una manera gradual, nunca de golpe.

Si observamos en las grabaciones o en la anamnesis, que el perro se golpea la cabeza contra las puertas, la pared, algún mueble o bien ladra en exceso con el consiguiente perjuicio para los vecinos, podríamos utilizar una terapia combinada con alguna benzodiacepina, como el alprazolam, en las primeras fases del tratamiento, ya que existe riesgo de que el animal pueda autolesionarse. Es recomendable su administración una hora antes de la salida del propietario para controlar los síntomas que genera la angustia provocada por su marcha. Los efectos suelen durar de 6 a 8 horas. Este medicamento debe ser retirado gradualmente cuando se considere que ya no se necesita.

Otros fármacos que suelen usarse en la ansiedad por separación son la amitriptilina, la imipramina y la selegilina.

Para terminar, hay que reseñar que en la actualidad se están obteniendo muy buenos resultados con la feromona apaciguadora canina, que es un análogo de la feromona secretada por las glándulas sebáceas del surco intermamario de las hembras lactantes, cuya función es disminuir los estados de miedo y estrés. Esta feromona nunca se utilizará por sí sola, sino en combinación con el tratamiento farmacológico correspondiente y la terapia conductual.

 

Bibliografía


Beata, C. (1997): La ansiedad de separación. Canis et Felis; 27: 41-53.
Guthrie, A. (1999): Dogs behaving badly-canine separation disorder research. Vet Pract; 12:12-13.
Lindsay, S. (2000): Handbook of Applied Dog Behavior and Training, Vol.2. University Press. Iowa State.
Manteca, X. (2003): Etología clínica veterinaria del perro y del gato, 3ª ed. Multimédica. Barcelona.
O´Heare, J. (2004): Sólo en casa. La ansiedad por separación. 5ª edición revisada y actualizada Kns Ediciones.
Overall, K.L., Dunham, A.E., Frank, D. (2001): Frequency of nonspecific clinical signs in dogs with separation anxiety, thunderstorm phobia and noise phobia, alone or in combination. J Am Vet Med Assoc; 219: 467-473.
Pozuelos, A. (2003): La Etología del Perro. Ateles editores. Madrid.
Pozuelos, A. (2004): Curso avanzado de Etología canina. (www.aepe.net) Consultado el día 17/06/07.
Simpson, B.S. (2000): Canine separation anxiety. Compend Contin Educ Pract Vet; 22: 328-337.
Takeuchi, Y., Houpt, K.A., Scarlett, J.M. (2000): Evaluation of treatments for separation anxiety in dogs. J Am Vet Med Assoc; 217: 342-345.

 



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