Las cronicas de Roy II Imprimir
La historia de mi nórdico
Escrito por Javier Busón   
Addthis

 

Capitulo II. El mes

 

¡¡¡Por fin ha pasado ya un mes!!! Son tantas las experiencias con Roy al cabo de un único mes que no sé si al final este capítulo será igual de largo que los anteriores. Es que encima me pongo a escribir y no paro. Bueno, dejemos de charlas y empecemos.

Ya ha pasado un mes desde que tuve que sacrificar a mi anterior perro (Hommer) por culpa de una enfermedad terminal. Todavía uno lo pasa mal cuando lo recuerda, pero me queda el consuelo de que, en el triste recorrido final de Hommer, éste me hizo un regalo que cada vez que lo pienso, me llena de Alegría y Felicidad, que es el descubrimiento de Roy.

Durante todo este tiempo, este perro (Roy) de aspecto bonachón, mimoso, cariñoso, observador como nadie (entre otras características), me ha cautivado plenamente. ¡¡Y su mirada ni que decir!! Y si encima contamos con toda la información que me iba tragando día a día acerca de la raza de Roy (Alaskan malamute), con cada día que pasaba, al final menos sabía de perros. ¡¡Cuan complicados son!! Por lo menos eso pensaba en un principio, porque me estoy dando cuenta de que, aunque fuera criado entre perros, realmente sabía poco de perros, y de nórdicos ¡¡ni puñetera idea!! Mi educación para con los perros, al igual que le pasa a muchísima gente, era muy básica pero un poquitín más avanzada que la gran mayoría. Sabía observarles y deducir con gran acierto sus comportamientos, y de ahí, actuar en consecuencia. No siempre mis métodos eran los más adecuados. Y tanto Hommer como yo pagamos, muchas veces, caro este aprendizaje. Hommer fue muy consentido de pequeño, y al final, hacerle volver al redil fue una tarea muy ardua y difícil ya que era un perro con un carácter “muy suyo”. Muchas veces tuve que levantar la mano. Muchas veces me hizo ver mi propia sangre. Y muchas veces lamenté el tener perro. Pero muchas veces su compañía me animaba a seguir adelante, Hommer conocía mi “lenguaje corporal” al igual que yo al suyo. El me entendía y yo le entendía. Al final de cuentas, aunque de vez en cuando me dio muchos quebraderos de cabeza, le quería y supongo que el a mi. Era como era, un brutote mimoso con la gente, que no controlaba su fuerza, que le llamabas y venía, a veces “a todo velocidad”, pero frenando CON TUS PIERNAS. ¿Sabeis el chiste de “alguien ha apuntado la matricula del camión”? Imaginaros un perro de 45 kilos de color gris azulado corriendo a toda mecha hacía ti. Le ves venir y te dices a ti mismo que si no frena antes de tiempo, te va a atropellar... Haces una finta hacía la izquierda,... mierda, el perro también gira hacía ese lado, haces una finta a la derecha, jueee... el también gira hacía ese lado... Dios... Ves que te va a arrollar... te arrolla... ves el cielo, las nubes,... ¡¡ves tus piernas apuntando hacia el cielo!! Ves que una zapatilla que te sale volando de tu pie y la sigues con la mirada,... piensas en peazo tortazo que te vas a pegar... Imaginaros un tio de 90 kilos de peso, de casi uno noventa volando por los aires... con la cabeza a ras del suelo y los pies apuntando al cielo... Sip, ¡¡ese era Yo!! O lo que quedaba de mí. Al final acabé en urgencias. ¡¡Madre mía!! ¡¡Qué castañazo!! Yo completamente echo polvo, con todo el cuerpo dolorido y con falta de aire, y ves al perro tan normal, como si no hubiera pasado nada, que encima estaba a mi lado con el lomo erizado como diciendo... “¿¡y porqué cojones no me has esquivado, so torpe??” Qué duro era el jodio. Encima, explica al médico/enfermero de turno la causa de tu visita a urgencias y observa su cara.


 

Con este inciso acerca de “mi atropello” por Hommer, quiero recalcar que NUNCA juegues FUERTE con tu perro de cachorro que al final, una vez de mayor no sabrá controlar sus fuerzas, a no ser que quieras hacer musculación, sobretodo con tus brazos ya que conseguirás unos bíceps de impresión, unas pantorrillas muy callosas debido a las frenadas del perro, entre otras cosillas.

Volviendo a Roy, como ya me bastaba con un atropello “canino”, y no quería volver a tener que pasar por Urgencias, tuve que re-educarme a mí mismo para poder re-educar a un perro. Leer, leer y leer. Métodos “alternativos”, máxima observancia de Roy, etc... No quería fastidiarla con mi nuevo compañero de fatigas.

Y veo que esa MI re-educación está surtiendo sus frutos. Desde aquí tengo que agradecer en especial a muchos criadores de Alaskan Malamutes por la información presente en sus páginas, y a sus contestaciones a mis correos.

Veo y observo cómo he conseguido ser su “Lider” en vez de su “Jefe” dentro de la manada. Me encanta observarle cuando vaya a donde vaya, me sigue a mi lado. Incluso Roy ha aprendido a aullar bajito por la noche y dentro de casa... Normal, si es que cuando “ladraba-aullaba” alto, en vista de que con el “NO” no hacía mucho caso, rápidamente mi mano iba hacía su hocico para cerrarle la boca y decirle “NO”. Al tercer intento, el jodio bajó tanto el volumen antes de que mi mano le alcanzara que me dio por reír, y le tuve que felicitar. ¡¡Qué listo!! Ahora, según el horario y en donde esté, “ladra-aulla” según aprendió. Por el día, a su bola, pero por la noche o dentro de casa, bueno, por ahora en el pasillo de la entrada... aullido bajito, pero más largo... Hasta a mi madre le encanta.

Otra cosa son sus paseos de hora-hora y media. ¡¡No me lo perdona ni una vez!! Tanto que le hice adelgazar 3 kilos (y yo 2 kilos). Bueno, de vez en cuando le toca sesión de cepillado en vez del paseo. Y ya estoy ideando una forma de cepillarle sin que mi espalda se resienta tanto, con un par de caballetes y una tabla o una mesa baratilla de ikea. En fin, la opción más barata (o bricomanía o comprarla lista). En los paseos me ha pasado de todo. Y al final he podido comprobar varias formas para que no se envalentone cuando se tope con otros perros, o bien dentro de sus casas o paseando. Al principio, el comentario de husky (que agradezco personalmente dicha ayuda en el foro) surtió efecto, pero no siempre. Supongo que dependía del perro contrario. El simple “NO” no me resultaba, con lo que tuve que añadir el vocerío que le daba a Hommer para cuando no me hacía caso. Un “NO” muy alto y muy gutural anteponiendo el nombre. Chicos, mano de santo. Lo malo es que se me oye hasta la otra punta del pueblo donde vivo, y no veas la cantidad de gente que se te queda mirando. Vaya panorama. Qué situación ridícula, pero según la información que pude recopilar y leer acerca de su raza, ellos odian quedarse en ridículo.


 

Como no quería recurrir al mismo método que tenía con Hommer, que al final todo el pueblo iba a reconocer que estoy paseando a Roy (“ya está Roy haciendo trastadas a su amo”), estaba intentando recordar otras formas de sobrellevar la situación. El comentario de Husky me sirve en una multitud de ocasiones, pero en otras no. Y no sé como me salió pero en unos de mis paseos con Roy, éste se envalentonó con otro perro. No sé en que estaba pensando pero actué muy rápido, de forma automática. Con la mano izquierda le cogí del collar, con la derecha le cogí el hocico, cerrando un poco fuerte su boca (gimió un poco), le miré a los ojos y le dije “Roy NO”, esta vez en tono fuerte pero en volumen más bajo. Jolines, ¡¡me hizo caso!! Bien es cierto no que abandonó completamente su postura, pero por lo menos no lo ladraba ni se abalanzaba hacía el otro. Después de empezar a leer el primer libro que me compré sobre estos perros (más bien sobre el Mushing, de Pep Parés), en un párrafo comentaba algo acerca de sujetarle el hocico y que era una forma de hacerle ver que lo que había hecho era incorrecto. Lo malo de este método es que creo que hay que actuar con una rapidez espantosa para que dé buenos resultados. Y medir muy bien la fuerza con la que aprietas el hocico. Y también, creo yo, en mirarle fijamente a los ojos mientras se le dice el “Roy NO” acto seguido. Después de este hecho, cada vez que paseo a Roy y veo que se va envalentonando con otros perros, era decir “Roy No” y ver cómo me mira de reojo y “pasar” del otro perro para evitar otra regañina como la que tuvo anteriormente. Ahí le felicito acariciándo y diciéndole de todo... “buen chico”, “muy bien bonito”,.. Espero no haberme pasado, pero cada perro es un mundo. Espero haber actuado correctamente.

En el coche se porta estupendamente. Como su sitio es en el maletero, tuve que comprar un cubre-sofás para así no tener el maletero lleno de pelos y una de esas barras metálicas separadoras, “fáciles de montar y desmontar” (sólo en el manual de instrucciones, que luego te pones a montar y no veas), que no es plan cuando uno va de paseo con el perro y te dé el alto la Guardia Civil para ponerte una “recetilla”. Tuve que ajustarle la barra para que pudiera apoyar su hocico en el respaldo del asiento ya que le gusta ir mirando la carretera, y orientar las toberas del aire acondicionado hacía su dirección. Se sube en el coche a la primera, excepto cuando uno deja el coche en pleno sol y al abrir el maletero, sale aquella bocanada de aire caliente del coche. Normal, creo que nadie lo aguanta. Así que es buscar un sitio a la sombra para poner el coche en marcha con el aire acondicionado a tope para refrescar un poquito el ambiente. Esperar unos 10 minutillos mientras Roy y yo nos resguardamos en una sombrilla que, últimamente con las dichosas “olas de calor”, Madrid está más que insoportable.

En casa, es una delicia observarle. Sus gestos, sus “reclamos”, sus peticiones de mimos con el hocico o con la patita, su forma de llamarme para que esté con el,... ¡¡su sonrisa!!. ¡¡¡Dios!!! ¡¡Socorro, un psiquiatra, que me he enamorado del perro!! Es que tiene “esa carilla” que no me extraña que me cautivara desde un primer momento. Y lo peor que el jodio lo sabe, pero no siempre consigue lo que se propone. Que ya me bastó la experiencia con Hommer y es mejor prevenir que remediar. Pero es ver la puerta de casa abierta, y meterse hasta el fondo. Normal, tá más fresquito, sobretodo en el salón. No suelo repetir mucho el “NO” dentro de casa sino que, una vez el perro está dentro, le llamo tranquilamente a que venga fuera donde estoy (con mi arsenal de chuches, caricias y juegos). No quiero educarle con miedo. Y responde satisfactoriamente. Si está mi padre, la cosa cambia por completo. Es decir algo mi padre que el perro sale de casa como ha entrado, rápidamente, que el jodio sabe que a él no le tiene comida tanto la moral, y que pertenece a la vieja escuela.


 

Le encanta los yogures (a ver si le hago una foto mientras se está entretenido que es para ver su cara de gozo) pero tanto mi madre como yo no le damos uno entero, sino que le damos el restillo para que lo lama. Como después de tanto leer que hay que hacer hincapié en que nosotros tenemos que comer primero que ellos por razón de liderazgo, yo me lo como delante de él y luego, se lo ofrezco. No le permito bajo ningún concepto que “ladre-aulle” reclamando su parte. Si reclama, se queda sin nada. También le estoy habituando a que la cocina no está permitido su paso. Últimamente suelo comer dentro de la cocina con Roy en la puerta, sin pasar el umbral. Muy de vez en cuando le doy algún que otro cacho de pan para “agradecerle” su obediencia (¡¡cómo le encanta el pan, y los quesos ni que decir!!). Sé que voy a tener que dejar de darle esos “premios” para, una vez haya terminado de comer, llevar algún premio a su comedero. Jolines con el tema de la “jerarquía canina”. Mientras, iré espaciando los “premios” a su comportamiento, y aprovecharé para repetirle órdenes recién aprendidas por el tales como “sit”, “platz” (próxima lección) y “quieto” (en desarrollo). Pero esa carilla de pedigüeño me va a ser más difícil de quitar.

Últimamente, como ahora a principios de agosto, Madrid está insoportable al igual que en mi pueblo (Villalba) debido al calor, mi madre y yo le estamos dejando entrar en casa (ya que se está más fresco) poco a poco a pesar de las múltiples reticencias de mi padre y de mi mujer. Si se está quietecito en un rincón que no nos moleste, le dejamos estar. Excepto cuando estoy yo, que quiere estar a mi lado sea donde sea. No le permitimos “ladrar-aullar” alto a la ligera, sino sólo bajito cuando quiere llamar su atención para pedir algo. Los juegos, subirse al sofá, al igual que pasar la noche dentro de casa (excepto por causa de fuerza mayor) le están terminantemente prohibidos. Por el día, no le reprimo su alegría con sus aullidos subidos de tono, pero cuando le toca paseo por la noche, como se pone muy contento, y con el fin de evitar que despierte a todos los vecinos a la redonda, le hablo casi en susurro, regañándole (en tono muy bajito) cuando se sale del tono y parece que va surtiendo efectos. Su repertorio de pequeños aullidos bajos de tono va en aumento adecuándose a la nueva situación. Y le hago notar claramente mi satisfacción cuando se comporta según las circunstancias. No le quiero impedir sus demostraciones de afecto mediante aullidos porque le estaría quitando parte de esa “individualidad canina” muy propia de su raza, pero si moldeando el tono de esos aullidos. Y el jodio sabe que me gustan esos aullidillos, porque le demuestro mi alegría cuando lo hace, riéndome y dándole muchos mimos.

En cuanto al adiestramiento básico, poco a poco voy consiguiendo los objetivos. Con la regla de las tres “P” (paciencia, paciencia y más paciencia), que debería ser renombrada por ¡¡Paciencia, Mucha Paciencia, y Santa Paciencia!! Jolines, ¡¡Impacientes, olvidaros de los nórdicos!! Mi bolsillo de las bermudas creo que va a reventar, porque siempre llevo golosinas “perrunas”, y eso de que es un bolsillo “extra-grande”. También la situación anteriormente comentada de la cocina me ayuda muchas veces, ya que veo que va respondiendo más rápidamente a mis ordenes. Sobretodo el “sit” y el “quieto”. El “platz” me está costando un poquillo, pero al final lo conseguiré con las tres “P” renombradas. Y durante el paseo, ya se va dando cuenta de que me tiene que esperar cuando se acerca al bordillo de una acera. ¡¡Normal, lo estoy repitiendo una y otra vez cada vez que sale a hacer “sus cosas”!! Sobre el “no”, bueno, siempre que puede se hace el remolón ya que intenta darme en mi fibra sensible. Pero no lo consigue, porque eso sí que no lo puedo consentir. El “no” es “no” y punto. Hay que ser consecuente.


 

Lo que más rápidamente aprendió fue el “chao” y el “a dormir”. “Chao” siempre lo digo cada vez que salgo de casa, y el “a dormir” (a veces precedido por “chao”) cuando hay que dormir. Aún así, de vez en cuando suelta un pequeño “aullido-gruñido” en plan reclamón una vez que cierro la puerta de casa. Lo que no estoy obteniendo buenos resultados es con la orden “Tu ahí”, que es cuando me meto dentro de casa por el día. ¡¡Cómo reclama el jodio!! Puede que no le esté diciendo la orden correcta o bien, como sabe que estoy en casa, que quiere estar a mi lado, y que hará lo indecible para estar conmigo, o para llamar mi atención. ¡¡No veas como me está dejando la puerta de la entrada de casa!! (Todas las proposiciones serán bien recibidas) ¡¡Y mira que no le hago caso!!, pero muchas veces el “NO” proveniente de dentro de casa lo escucha (o por mi madre, o mi padre, o mi mujer,... Incluso Yo). Lo que Roy hacía antes era mearse en una mesa de jardín que tenemos en el porche de entrada. Incidí a todos de casa que lo mejor en este caso era ignorar por completo este hecho delante de él. Que lo que hacía era para llamar nuestra atención y de que era cuestión de darle tiempo al tiempo, ya que cuando duerme, ése es su sitio. Y lo dejó de hacer a la semana de estar con nosotros. A lo mejor tendría que hacer lo mismo en el caso de la meada en la pata de la mesa. Es decir, pasar olímpicamente de él. No dar la menor importancia al hecho, y darle tiempo al tiempo.

Y eso es todo. Bueno, no todo porque ya entraría en mi dinámica de comentar hasta el más mínimo detalle. Ahora es cuando me doy cuenta de que, cuando a una persona le gustan mucho a los perros, si encima éste es un Nórdico, es que “tiene pero no tiene nada que ver con otros perros”. Los estoy llegando a consider “casos aparte”, y personalmente su educación me ha retado. Ni que decir mis anteriores puntos de vista que han caído por su propio peso. Puede ser que, como tuve que re-educar a Hommer con métodos “poco ortodoxos”, más bien propios de la vieja escuela debido a su carácter, y en otras debido a mi situación personal en aquel momento, el encontrarme con un perro como Roy, con un carácter bastante equilibrado, pero Nórdico en todo caso, decidí que lo mejor para Roy y para mí era empezar prácticamente desde cero. Nosotros somos animales racionales que tenemos que aprender de errores pasados, para no tropezar en la misma piedra. Obtener toda la información posible acerca de su raza. Métodos, compartir experiencias con otros dueños de Nórdicos, contactar con criadores,... para así poder darle la mejor educación a tu perro y disfrutar plenamente de su compañía, sin miedos por mucho que diga la gente que si esto, que si lo otro... ¡¡Pamplinas!! Cualquier perro es un ser vivo que actúa según sea su dueño, y según la educación recibida.

Por último, quiero plasmar una frase que me dijo un adiestrador de perros jubilado de la Guardia Civil que, aparte de dicha frase, si es cierto lo que me ha dicho, me ha tocado el premio gordo, en que lo dice todo: “El perro de cuatro patas nunca es malo en sí. Lo que sí puede ser malo es el perro de dos patas que sujeta al perro de cuatro patas”. Estoooo..... ¡¡guau!! ;-)

 



Addthis
Comentarios
¡Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios!

3.26 Copyright (C) 2008 Compojoom.com / Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."