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Página 3 de 5 6. Estereotipias por causa no orgánica.Las conductas compulsivas que no obedecen a un problema orgánico, normalmente lo hacen a un estado de ansiedad o estrés en el animal, provocado casi siempre por el ambiente en el que vive (Pozuelos, Álvarez, 2.007). Normalmente estos comportamientos repetitivos provienen de un estado de frustración o conflicto al que el animal se ha visto sometido durante un tiempo y que les causa una incapacidad para saber que es lo correcto y como escapar a esa situación continuada de estrés. Comienzan con las llamadas conductas de desplazamiento que pronto se convertirán en estereotipias si la situación estresante no cesa (Pozuelos, Álvarez, 2.007). Situaciones de conflicto. Una situación de conflicto hace referencia a una situación en la que el animal está fuertemente motivado para realizar al mismo tiempo dos conductas que son incompatibles la una con la otra (Manteca, 2.003). El conflicto puede usarse como un término general que incluye frustración o puede referirse específicamente al conflicto motivacional, es decir, el conflicto que resulta de dos opuestos, de manera similar las motivaciones fuertes -como acercamiento o retirada- (Luescher, 2.002). Aquí nos encontramos con las llamadas conductas de desplazamiento, que son movimientos o conductas que realiza un animal cuando se encuentra en una situación de conflicto en la que quiere realizar una conducta pero también su carácter le impide realizarla con total soltura. El perro está motivado para demostrar dos conductas opuestas. Por ejemplo: si un perro es miedoso, su carácter le impide acercarse a una persona para saludarla cariñosamente. Si está con una persona cercana y conocida que lo está llamando, él quiere acercarse, pero algo dentro se lo impide (miedo). Lo que haría en este momento el perro es una conducta de desplazamiento, como rascarse, dar vueltas sobre sí mismo. Si esta conducta se perpetúa y se hace crónica, puede convertirse en una estereotipia (Pozuelos, Álvarez, 2.007). Otro ejemplo se puede comprobar a menudo en propietarios que llaman a sus perros mediante gritos y gesticulando, es decir, con un lenguaje corporal ofensivo, enviándole al animal comunicaciones agonísticas de intención y así como señales de fuerza (nosotros somos bípedos y más grandes que ellos) por lo que el mismo, como es normal, en vez de acudir a la llamada realiza conductas de desplazamiento como ponerse a oler el suelo o marcar la primera farola o árbol que se encuentra a su paso. Frustración. La frustración se refiere a la situación en la cual un animal está motivado para realizar una conducta, pero se le previene de hacerlo (Luescher, 2.002). El comportamiento normal de un perro en una ambiente determinado es exploratorio. Si nosotros privamos a ese perro de los estímulos necesarios para que desarrolle esa conducta, para la cual el animal está muy motivado, por ejemplo si está siempre encerrado sin contacto con personas y ambientes exteriores, puede realizar conductas alternativas que den salida a esa motivación -mas sin esta motivación es muy alta (Manteca, 2.003)-. Veríamos al perro morderse la cola, dar paseos una y otra vez, lamerse las extremidades, etc. (Pozuelos, Álvarez, 2.007). Como dice Dawkins, en la Naturaleza las situaciones de conflicto y frustración son muy frecuentes, pero no lo es que se prolonguen durante durante semanas, meses o años, con lo que los mecanismos adaptativos se rompen dando lugar a situaciones patológicas, incluso la muerte (Mateos, 1994). En cualquier caso el mantenimiento de los estereotipos más allá de un tiempo razonable lleva no solamente a la aparición de diferentes cuadros clínicos, sino también aún desgaste energético excesivo, y a la fijación de estos comportamientos, al agotamiento del animal (Mateos, 1994). Ansiedad por separación. La dermatitis acral por lamido es una de las manifestaciones de la ansiedad sufrida por el animal al separarse de su dueño (Pozuelos, Álvarez, 2.007). Situaciones en las que el animal no puede prever ni controlar su entorno. La falta de predicción y control sobre el entorno puede aparecer por: interacciones incoherentes del propietario; falta de entrenamiento a órdenes y por eso uso incoherente de las órdenes; el uso inapropiado del castigo; una rutina incoherente; y frustración de motivaciones como aquellas de interacción social o de exploración (Luescher, 2.002). Por ejemplo, un caso de falta de entrenamiento a órdenes y por eso uso incoherente de las órdenes sería cuando se le realiza la llamada al perro con el collar electrónico y el mismo no sabe la salida, es decir, no se le ha enseñado correctamente a acudir a la llamada. No podemos esperar de un perro que acuda a la llamada si no se le ha enseñado previamente a hacerlo. Con lo cual el propietario empieza a mandarle impulsos cada vez de mayor intensidad, castigando al mismo, lo cual hace que el perro le suba el estrés, se bloquee y no pueda controlar el entorno, amén de que al perro lo podemos “romper”. El perro no sabe cómo reaccionar ante una situación determinada por algún motivo, por ejemplo tenemos el caso de los dueños que imponen castigos indiscriminados o brutalizan a su perro sin sentido. Como es de suponer esto crea un estado de estrés crónico en el animal (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
La situación más estresante para un animal es aquella sobre la cual no tiene el control, y en la cual no puede predecir que va a pasar (Luescher, 2.002).
Quiero recalcar la importancia que tiene el estrés ya que esto personalmente lo veo muy importante. Se define el estrés como la respuesta de un organismo a una demanda que le obliga a cambiar o adaptarse. La manera en la que un animal responda a estas demandas determinará su conducta. Cualquier estímulo recibido causa estrés y éste es el determinante que hace que un organismo se adapte (Álvarez, 2007).
Fisiológicamente, si ponemos a un animal en una situación conflictiva se desencadena el mecanismo del estrés. Mientras el perro se encuentra en la reacción de emergencia, el mecanismo que digamos que sería contrario, es decir, el pensamiento, se encuentra inhibido. Por lo tanto tenemos un animal que intentará salir de esa situación mediante un mecanismo reflejo que procede de uno de sus instintos básicos; la supervivencia. La pregunta en ese momento es: "¿huyo o ataco?" Pero ¿y si realmente no es necesario reaccionar de esa manera? Si la situación no es una emergencia biológica el gasto que sufre el organismo es innecesario en relación costes- beneficios (Álvarez, 2007). ¿Hasta dónde puede llegar el efecto de un estrés crónico en un animal? Pues hasta una situación inimaginable; la indefensión aprendida. Esto puede ocurrir, por ejemplo, por causa de castigos inconsistentes, es decir, en los que el perro no sabe ni entiende el por qué del mismo ni cómo salir de allí. Es la situación en la que el perro aprende que por mucho que intente salir de ella no va a tener éxito porque no tiene ningún control, por lo que se abandona y entra en un bloqueo producido por un estrés continuo que desemboca en un estado de letargia y depresión (Álvarez, 2007). Según Manteca (2.003), en algunos experimentos realizados recientemente sobre el efecto del estrés crónico en el perro indican que-además de los cambios hormonales propios de la respuesta de estrés-, se producen una serie de cambios de conducta. Estos cambios incluyen un aumento de la frecuencia de micción, en la conducta de acicalamiento y en la actividad locomotora, así como una mayor incidencia de coprofagia. Además, los perros sometidos a estrés crónico parecer reaccionar con una mayor agresividad cuando se enfrentan a un estrés agudo. Si la situación se hace crónica pueden ocurrir varias cosas: - Los umbrales de la agresividad y el miedo disminuyen, con lo cual estas dos reacciones se desencadenarán más fácilmente y ante estímulos cada vez menos predecibles (Álvarez, 2007).
- Se llega a una sensación de ansiedad generalizada, ya que el coste biológico del mecanismo de emergencia ya no puede ser satisfecho, con lo que se utilizan otros recursos destinados a otras funciones orgánicas, como el crecimiento o la inmunidad (Álvarez, 2007).
- Se compromete el crecimiento, el sistema inmunológico, la capacidad de aprendizaje y la memoria, así como la capacidad de responder al dolor y el ciclo sueño- vigilia (Álvarez, 2007).
Además de las causas anteriormente mencionadas en las que el animal no puede prever ni controlar su entorno, cabe la posibilidad de que las estereotipias se conviertan en conductas reforzadas involuntariamente por los propietarios. Esto ocurre cuando estos prestan atención al perro solo cuando muestra la conducta, aunque sea precisamente con el objetivo de interrumpirla (Manteca, 2.003). La manifestación de la conducta sólo en presencia del propietario, es sugerente de una conducta condicionada (Luescher, 2.002). Finalmente se cita también el aburrimiento como causa de las estereotipias (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
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