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Miguel Ángel Signes Llopis. Experto en problemas de comportamiento, modificación de conducta, Asesor y Terapeuta canino certificado por AEPE en el Curso Máster de Etología Canina Avanzada. Trabaja en el Área de Etología Clínica y de Terapias de la Asociación para el Estudio del Perro y su Entorno de la que es socio (www.aepe.net). Asociado de la Asociación Española de Terapias Asistidas con Animales y Naturaleza (www.aetana.es). Curso de Etología Clínica y Bienestar Animal impartido en la UEX. 1. Miedo Según Álvarez (2.007), el miedo es la respuesta normal de autoprotección que muestra un animal frente a situaciones que son percibidas como una amenaza para él. El dolor, el miedo y otras formas de sufrimiento no ocurren en la naturaleza por azar o por capricho, sino que son producidas por la selección natural como mecanismos adaptativos, para evitar heridas y escapar a los peligros y representan una ventaja evolutiva tanto para el hombre como para otros animales.
Sabemos que para el carácter miedo, la heredabilidad en el perro doméstico es de 0,4-0,5, es decir, que si un perro es miedoso y tiene descendencia, tendrá una probabilidad del 40-50% de que sus hijos hereden el mismo carácter. Si el carácter miedo lo posee la madre, las crías se verán bastante influenciadas ya que las enseñanzas de ésta irán encaminadas a formar hijos miedosos. Todo lo anterior es debido a que el componente hereditario conductual materno es siempre superior al paterno, ya que a causa de la domesticación el Canis familiaris es poliginándrico, el macho no otorga los cuidados parentales por la no certeza de paternidad, siendo la hembra la que los otorga, por lo que “el componente conductual materno se manifiesta más”.
Partiendo de la base que el comportamiento es una interacción compleja entre genes y medio ambiente, lo que podemos hacer para disminuir la intensidad de la respuesta de miedo en la edad adulta sería la manipulación del cachorro durante la fase neonatal y por otro lado durante el periodo de socialización sería muy importante que tuviera contacto con todos los estímulos posibles-sobre todo con niños- lo que nos aseguraría que nuestro perro no mostrara después miedo frente a dichos estímulos.
Un factor determinante de la intensidad de la respuesta de miedo sería el rango de percepción sensorial del individuo. Por poner un ejemplo, tenemos el grado de sensibilidad corporal, que lo podemos definir como el grado de reacción del animal respecto a los estímulos de contacto y así como de proximidad. Los perros con un grado de sensibilidad corporal muy alto reaccionan mal frente a estímulos de contacto, a los lugares muy estrechos y así como a la proximidad de la gente.
2. Agresividad  Sabemos que la agresividad en el perro doméstico no es hereditaria, a excepción dada del carácter miedo. Este es el responsable de una agresividad muy peligrosa cuando nuestro perro “cree o entiende” que su supervivencia está en peligro.
La agresividad es una respuesta que cualquier ser vivo ofrece en situaciones que suponen una amenaza-o que son percibidas como tal- o ataque como consecuencia de un estímulo que lo desencadena.
La conducta agresiva es una conducta de adaptación que, directa o indirectamente, beneficia al individuo. El acto agresivo en el perro doméstico es un comportamiento que la selección natural ha premiado y por lo tanto que ha evolucionando en pro de su supervivencia y reproducción.
3. Aprendizaje de la Agresividad. Es muy importante tener presente que los perros siempre están aprendiendo. Si el perro reacciona con agresividad ante una persona y tiene éxito-consigue aumentar el área crítica o bien la persona sale huyendo por miedo-, ese comportamiento se repetirá porque ha sido reforzado. Si es reforzado en muchas ocasiones-por condicionamiento instrumental u operante- será muy difícil de modificar ese comportamiento.
Un perro que tiene miedo a una persona actuará con una estrategia pasiva-conductas de evitación y huida- y si el mismo ve que estos comportamientos no dan buenos resultados pasará a otra estrategia activa a la hora de incrementar la distancia social.
La agresión o conductas agresivas permiten al perro conseguir el control de la situación, reforzando la conducta y aumentando la probabilidad de que el perro escoja este modelo de conducta en situaciones comparables en el futuro. Hay que tener presente que la conducta seleccionada en última instancia en un evento de miedo, es probable que se seleccione de nuevo, dado que esa conducta fue satisfactoria resolviendo la respuesta emocional negativa y la respuesta de estrés asociada en esa ocasión. Cada vez que el perro no consigue alivio las estrategias de agresividad se hacen más y más activas.
Por ejemplo, un perro que en la actualidad ya gruñe a la gente y si con los gruñidos en un futuro no encuentra alivio, es decir, las personas no se retiran dejando de invadir su área crítica-esta conducta no se ve reforzada y pasa a extinguirse-, pasará a otra estrategia más activa como enseñar los dientes, intentar morder o incluso morder. Al final, la última estrategia en la que el perro encuentre alivio-dejando la persona de invadir su área crítica-, será seleccionada en la próxima ocasión, ya que la misma ha sido reforzada positivamente. Aquí el perro no solo está aprendiendo que comportamientos le funcionan y cuáles no le funcionan, sino que también aprende a predecir situaciones parecidas, generalizando la agresividad. Por eso es muy importante que la cosa no llegue a más, es decir, que no pase de los gruñidos.
Hay que tener presente que si una estrategia no le funciona a un perro, probará otra y teniendo un resultado exitoso se seleccionan otros comportamientos, inmediatamente, de ahí la posterior apariencia de la llamada agresión “impredecible” y “no provocada”.
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