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Etología clínica. Agresividad Territorial hacia las personas PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Miguel Ángel Signes Llopis   
Indice del artículo
Etología clínica. Agresividad Territorial hacia las personas
Etología canina. Agresividad Territorial II
Etología canina. Agresividad Territorial III
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Miguel Ángel Signes Llopis. Experto en problemas de comportamiento, modificación de conducta, Asesor y Terapeuta canino certificado por AEPE en el Curso Máster de Etología Canina Avanzada. Trabaja en el Área de Etología Clínica  y de Terapias de la Asociación para el Estudio del Perro y su Entorno de la que es socio (www.aepe.net). Asociado de la Asociación Española de Terapias Asistidas con Animales y Naturaleza (www.aetana.es). Curso de Etología Clínica y Bienestar Animal impartido en la UEX.
 

1. Territorio

 

El territorio según Pozuelos (2.000) es una extensión de terreno, más o menos grande, donde nuestros perros desarrollan prácticamente todas las funciones de supervivencia y/o reproducción.

Hay que tener presente que el territorio es muy valioso para el animal ya que en el mismo se lleva a cabo el acceso a fuentes de recurso-comida, agua-, se evita la depredación- enfermedades y el ataque de otros animales- y se extienden sus genes.

La defensa del territorio es una conducta adaptada por lo que el Canis familiaris la lleva en los genes-“solo lo que está en los genes produce adaptación”-

 

2. Marcaje

Marcaje con heces

Según Pérez (2.009), tanto los cánidos salvajes como el perro doméstico marca su territorio además de por la orina con sus heces que suele depositar en los lugares que puedan ser más visibles para los demás, pero es aquí donde debemos hacer un paréntesis para hablar del territorio dependiendo de donde viva el perro. Hay perros que viven en el jardín de una casa, o en un piso, etc. y como sabemos dentro de las viviendas no suelen ni orinar ni defecar cuando llegan a una edad determinada, por lo que tendremos que hablar en todo caso de un “espacio” por el que el perro se desenvuelve normalmente en sus salidas al exterior, ya sea cuando está paseando con su propietario o cuando va al parque a jugar o a relacionarse con otros de su especie.

 
También hay que tener presente que los perros llevan consigo su territorio y este puede ser perfectamente el domicilio donde viven, el coche en el que están esperando a su propietario, el banco del parque donde estamos sentados, el jardín de la casa  o fuera de un bar en el que están a la espera de que salga su dueño. En resumen, en una zona específica vigilada por el animal.

 

3. Agresividad en su aprendizaje.

 

La agresividad es una respuesta que cualquier ser vivo ofrece en situaciones que suponen una amenaza-o que son percibidas como tal- o ataque como consecuencia de un estímulo que lo desencadena-en el caso que nos ocupa sería la invasión del territorio-.

La conducta agresiva es una conducta de adaptación que, directa o indirectamente, beneficia al individuo. El acto agresivo en el perro doméstico es un comportamiento que la selección natural ha premiado y por lo tanto que ha evolucionando en pro de su supervivencia y reproducción.

Es muy importante tener presente que los perros siempre están aprendiendo.

Si el perro reacciona con agresividad ante una persona que invade el territorio y tiene éxito, es decir, consigue que esta se vaya o huya-haciéndolo la persona voluntaria o involuntariamente-, ese comportamiento se repetirá ya que es muy autoreforzante para el animal. Si es reforzado en muchas ocasiones-por condicionamiento instrumental u operante- será muy difícil de modificar ese comportamiento.

El perro está aprendiendo en esas ocasiones mediante el condicionamiento de evitación y escape. El condicionamiento de escape se da cuando el intruso invade el territorio. Al invadirlo el mismo le está aplicando al perro un refuerzo negativo, que es aversivo y hará que la respuesta agresiva que elija el perro se repita, una vez cese la aplicación de dicho refuerzo-cuando el intruso abandone el territorio-. En la evitación, el animal aprende que puede interrumpir el estímulo aversivo mediante el escape y comienza a responder antes de que se presente el mismo-la llegada del intruso-, con lo cual el perro no sufre su presencia-la invasión del territorio-. Por desgracia, el perro aprende que las conductas agresivas son conductas de evitación muy apropiadas. Esto se puede enseñar de forma inadvertida y suele suceder  cuando el intruso responde ante el ataque del animal vacilando-por ejemplo: me quedo, me voy, no me muevo, bueno me voy-. En este caso, aparte de establecerse  rápidamente el condicionamiento de evitación también el mismo se hace  muy resistente a la extinción.  Por todo lo anterior, no es de extrañar, que de ahí aparezca la posterior apariencia de la llamada agresión “impredecible” y “no provocada”. Es más, también es muy probable que la intensidad de la conducta agresiva aumente con la experiencia del animal.

Esta agresividad es más intensa en el núcleo del territorio que en las zonas periféricas del mismo, ya que la agresión se va reduciendo según se va aumentando la distancia del núcleo de la zona. Un ejemplo de lo anterior lo vemos en perros que están en una terraza de un bar con sus dueños y a unos 5 metros si se acerca alguna persona ya empiezan a ladrar y si pasan por su lado les gruñen, enseñan los dientes, intentan morderles o incluso les muerden.

De todas maneras hay que tener presente que un perro puede atacar perfectamente a una persona aunque ésta se encuentre tanto en el núcleo como en las periferias del territorio del animal.



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