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Etología canina. Efectos de la Neotenia en los Cánidos - Página 2 PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Javier Pérez Blanca   
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Etología canina. Efectos de la Neotenia en los Cánidos
Página 2
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La domesticación del perro ocurrió mucho antes que la domesticación de cualquier otra especie animal. Los perros ya estaban domesticados al final de la Era Glacial hace unos 12.000 años atrás. Sin embargo, la larga asociación de los humanos con los ancestros del perro moderno, los lobos, comenzó miles de años antes, cuando la caza y la ocupación de territorios por parte de las dos especies se habrían superpuesto cada vez más frecuentemente.

Con el cambio gradual en la especie humana, que pasaron de cazadores nómadas a recolectores asentados y que comenzó hace unos 8.000 años aproximadamente, el perro pareció haberse convertido en un animal común, con una distribución geográfica mucho mayor.

Los estudios genéticos señalan al lobo como el antepasado del perro doméstico, así lo demuestra el ADN mitocondrial cuya coincidencia con el del lobo es de un 99,8%, pero durante el proceso de domesticación, los perros han conservado muchas conductas propias de los lobeznos, por ejemplo, los lobitos ladran mucho mientras que los lobos adultos rara vez lo hacen. Los perros domésticos ladran mucho (Fox, 1975; Scott y Fuller, 1965).

Los lobos tienen patrones de comportamiento instintivo muy arraigados, que determinan la dominancia o la sumisión en sus relaciones sociales, mientras que en los perros domésticos, las pautas ancestrales de conducta social del lobo aparecen de modo fragmentado e incompleto.

La clave para domesticar exitosamente al lobo y a otras especies salvajes, parecía ser el hecho de que ellos retienen características juveniles e incluso fetales en el adulto. Este proceso, conocido como neotenia, significa que los animales jóvenes muestran una conducta sumisa, no agresiva, necesitada de atención, y son menos temerosos a los extraños, con una baja respuesta a las presiones a las que son sometidos. Los animales adultos que poseen estas características pueden tener menos probabilidades de sobrevivir en un ambiente salvaje, pero se encuentran perfectamente adaptados para vivir en un ambiente humano. Al seleccionar animales lo suficientemente mansos como para ser domesticados, los humanos estaban seleccionando inconscientemente estas características que hemos mencionado.

El valor más importante de los perros domésticos primitivos fue probablemente el papel que jugaron como socios cooperativos en la caza. Con el desarrollo y el asentamiento de la agricultura y la domesticación de otro tipo de animales, la utilidad del perro en las poblaciones pudo seguir creciendo. En esos momentos, los perros podían ser entrenados para realizar labores de pastoreo y proteger las cosechas cultivadas, ahuyentando a otros animales salvajes. Ya en tiempos más recientes, parece ser que la selección deliberada de ciertas características, como la apariencia, temperamento o habilidades particulares, llevaron al desarrollo de varios tipos de perros. Frank y Frank (1982) observaron que la rígida conducta social del lobo se desintegraba en "una colección de fragmentos independientes de comportamiento". Los perros de tiro para los trineos, criados junto con cachorros de lobos, no lograron captar las señales de comportamiento social de los lobeznos. Otras comparaciones demostraron que el desarrollo físico de las habilidades motrices es más lento en los perros de tiro para trineos. Goodwin y otros (1997) estudiaron diez razas distintas de perros, que iban desde los ovejeros alemanes y huskies siberianos hasta los bulldogs, los cocker spaniels y los terriers. Encontraron que las razas que retenían el mayor repertorio de conductas sociales propias de los lobos eran aquellas que se parecían físicamente a éstos, como los ovejeros alemanes y los huskies siberianos. Tanto Barnett y otros (1979) como Price (1984) concluyeron que la experiencia también puede hacer que los animales retengan rasgos juveniles. Gould (1977) también consideró los efectos de la neotenia, y afirmó que ella está determinada por cambios en unos pocos genes que dirigen la secuencia temporal de las distintas etapas de desarrollo. Según Darwin en 1859, "la domesticación es más que domesticar”.

El término "domesticado" se refiere a individuos más o menos dóciles que se relacionan con el hombre pero cuya reproducción no es intencionadamente selectiva, mientras el término "doméstico"hace referencia a los animales que, mediante la directa selección del hombre, han adquirido determinadas características morfológicas, fisiológicas, comportamentales y genéticas diferentes a las que tenían sus progenitores salvajes (Matiello, 1998).

Sin embargo, Los términos: "adiestramiento, "amaestramiento"o "doma" sugieren un proceso por el que el hombre canalizaría las cualidades de un espécimen hacia la consecución de un objetivo concreto: "Los que piensan que los lobos tienen los mismos patrones de conducta de los perros, están tan equivocados como los que olvidan que estos últimos proceden de los primeros y los que pretendiesen tratar a un lobo como a un perro serían unos inconscientes” (Pozuelos, 2003).

Nos encontramos así con dos especies que, aunque de la misma familia, se van pareciendo cada vez menos, aunque dos caracteres les siguen uniendo: su posibilidad de hibridación y el mantenimiento intacto de sus estructuras jerárquicas (Pozuelos, 2003).

Es normal que un macho de perro no quiera saber nada de hijos que posiblemente no sean suyos. La certeza de paternidad la pierde el perro doméstico cuando pasa de monógamo, como el lobo, a promiscuo. Así una perra puede tener hijos de distintos machos cosa que, por supuesto, nunca se dará en el lobo como norma.

Los perros respecto al lobo tienen: Una menor actividad global y una distribución de esa actividad más uniforme a lo largo del fotoperiodo, lazos sociales más difusos a la vez que presentan una compatibilidad social más alta que los lobos y una actividad sexual muy intensificada.

Por lo tanto, "el perro se asemeja a un lobo que nunca alcanzará la madurez”.


Bibliografía


Barnett, S. A., Dickson, R. G. y Hocking, W. E. (1979). Genotype and environment in the social interactions of wild and domestic "Norway" rats. Aggressive Behav. 5, 105-119.
Coppinger, R. P. y Smith, C. K. (1983). The domestication of evolution. Environ. Conserv. 10, 283-292.
Coppinger, L. y Coppinger, R. (1993). Dogs for herding livestock. En: "Livestock Handling and Transport" (T. Grandin, comp.), pp. 179-196. CAB International, Wallingford, UK.
Coppinger, R. y Schneider, R. (1993). Evolution of working dog behavior. En: "The Domestic Dog: Its Evolution, Behavior and Interactions with People" (J. Serpell, comp.). Cambridge University Press, Cambridge, UK.
Coppinger, R., Glendinning, J., Torop, E., Matthay C., Sutherland, M. y Smith, C. (1987). Degree of behavioral neoteny differentiates canid polymorphy. Ethology 75, 85-108.
Darwin, C. R. (1859). On the Origin of Species. Oxford University Press. ed 1958 Mentor, Nueva York.
Fox, M. W., comp. (1975). The Wild Canids: Their Systematics, Behavioral Ecology and Evolution. Van Nostrand-Reinhold, Nueva York.
Frank, H. y Frank, M. G. (1982). On the effects of domestication on canine social development and behavior. Appl. Anim. Ethol. 8, 507-525.
Goodwin, D., Bradshaw, J. W. S. y Wickens, S. M. (1997). Paedomorphosis affects visual signals of domestic dogs. Anim. Behav. 53, 297-304.
Gould, S.J. (1977). Ontogeny and Phylogeny. Harvard University Press (Belknap Press), Cambridge, MA y Londres.
Lorenz, K. Z. (1965). Evolution and Modification of Behavior. University of Chicago Press, Chicago.
Pozuelos, A. (2003): La Etología del Perro. Ateles editores. Madrid.
Pozuelos, A. (2004): Curso avanzado de Etología canina. Granada. En: http://www.aepe.net. Consultado en 06/05/07
Price, E. O. (1984). Behavioral aspects of animal domestication. Q. Rev. Biol. 59, 1-32.
Scott, J. P. y Fuller, J. L. (1965). Genetics and the Social Behavior of the Dog. University of Chicago Press, Chicago.


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