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Las cronicas de Roy - página 2 PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Javier Busón   
Indice del artículo
Las cronicas de Roy
página 2
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Como no me despegué del perro en ningún momento, ya que tenía que ganar su confianza, y demostrarle que yo no le dejaría, que le cuidaría, en que sería su lider, el perro tampoco se alejaba mucho de mí. Se apoyaba en mis piernas, me metía el hocico para que le siguiera dando mimos y toda mi familia miraba. A veces el perro les invitaba a acariciar, pero rápidamente volvía a mi lado. Se notaba que estaba a gusto conmigo. Mi madre en una de estas, le empieza a decir cómo le bautizaríamos. No tenía ni idea. El nombre de Hommer no era posible. Me hubiera gustado saber en cómo le llamaban sus anteriores dueños para que el perro no se sintiera a disgusto. Intenté llamarle por todos los nombres que se me ocurría para observar su reacción, pero nada. Al final, salió el nombre de wisky y recordé el nombre del perro de mi jefe (Dyc), y lo rebautizamos como Dyc, o Dicky que era el que más le llamaba la atención. Pero a mi madre no le gustaba y siguió dándole vueltas al asunto.

Como todavía tenía algo de pienso de Hommer (Pedigree), le di de cenar pero no le hacía mucha gracia. Supongo que no le gustaba el sabor ya que comía a ratos, pero eso yo lo cambiaría al día siguiente en que le compraría otro tipo para probar. Lo malo del cambio de alimentación, o de tipo de pienso, es que estos animales al final tienen diarrea hasta que se acostumbran al nuevo. Así que, para aquellos que traigan un perro adoptado, no descarteis esta posibilidad en cuanto no estéis con ellos. Sacarle a menudo. Si teneis piso, poner hojas de papel de periódico en la puerta de casa y a ver si el perro se adapta a dicha situación. Si teneis jardín, recordar que al día siguiente habrá muchos “regalitos” desperdigados por el jardín. Y si encima es macho, tanto si habeis tenido perro anteriormente como si no, contar que sitio que huele, sitio que marca. Si le pillais en el momento, reñirle siempre con un NO rotundo y mostraros enfadados. Si contais con esas pistolas de agua, también ayuda para echarles un buen chorro mientras le regañamos con el NO de siempre. Hay que recordar que el NO siempre debe ser NO. Y aparte de tener las típicas bolsitas para recoger las defecaciones, también contar con toallitas húmedas (no sirven bien los típicos kleenex de papel) en el bolsillo (ahora mismo siempre las llevo) para limpiar luego el trasero del perro si este tiene mucho pelo (como es el caso del mío) que, después de que el pobre se levanta, cuando veais su trasero, aquello es indescriptible. (¡¡¡Diossssssss, qué horror de guarrería!!!) Limpiarlo siempre demostrandole en todo momento de una calma y firmeza de lo más absoluta. Las carícias en exceso después de la limpieza son siempre agradecidas por ellos.

Volviendo al Alaskan, en ningún momento me despegué de el, estando a su lado hasta casi las 2 de la mañana. Estaba cansadísimo por todo lo ocurrido en los días pasados, pero era acariciar y verle, y entrarme esa sensación de bienestar interior difícil de expresar mediante palabras. Sabía que el debía quedarse fuera de casa, en el jardín, a pesar de que posiblemente este perro estuviera anteriormente dentro de casa. Ya sabía la opinión de mi padre. Al final, me tuve que levantar e ir a la cama, no sin antes darle unas calentoñas y decirle “chao” para que asociara esa palabra con que me iba y que se quedara tranquilo. A pesar de ello, se quejó. Hommer por ejemplo, lo entendía a la perfección. No tengo ni que decir que fue caer en la cama y caer en el más profundo sueño.

Por la mañana, como hay que trabajar, al salir el ya estaba esperándonos para saludarnos. Y de paso contemplo una serie de pequeños montículos, que más que montículos parecían barro mojado. Vaya desgracia para mi padre. Unas caricias y otra vez le digo “chao”. Ese día por la mañana, en los ratos que tenía libres, recopilé y tragué mucha información acerca de la raza para ver cómo debería educarle, y al mismo tiempo, educarme a mí mismo. Me di cuenta que este perro aprende muy rápido, que no era el típico perro. Era “otra cosa”. Cuanto más leía, más me asombraba y me gustaba. Las conclusiones a que llegaba era que este tipo de perros no puede ser para gente “no iniciada” en el mundo canino, que de golpe y porrazo te encuentres con una bolita de pelo en las manos y pienses en que se comportará como un pastor alemán de mayor. Le daba gracias a Dios por haber tenido antes a Hommer, a pesar de su fuerte carácter dominante. Son muy difíciles de comprender. Y hay que pensar muchas veces como si fueras otro Alaskan para poder comunicar y hacerte entender a tu perro. Su jerarquía, su adaptación y socialización para con la gente y otros perros, en su lenguaje tanto corporal como “aullidos”. Era un mundo completamente nuevo para mí. Era leer y al paso de cada lectura, más me enamoraba de estos bichos peludos, a pesar de que muchas veces leía cosas no tan buenas.



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