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[Hembra] - xHusky - 3 años - Tenerife
[Hembra] - xHusky - 3 años - Tenerife
(En adopción / Jovenes)
16-02-2010


Las cronicas de Roy - página 3 PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Javier Busón   
Indice del artículo
Las cronicas de Roy
página 2
página 3
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Pues bien, cuando llegaba a casa con el coche, mi padre justo le estaba sacando a pasear en ese momento (con una cara no muy buena, ya que le había endosado otro perro que pasear), y cuando me vió el Alaskan, empezó a tirar de mi padre hacía mi. Me reconoció. Y eso me alegró un montón (por lo menos en parte), ya que hacía apenas pasado 16 horas desde su llegada y me reconocía como alguien conocido y querido. Me llenó el alma. Lo que no me alegró fue como me dejó la puerta del coche (buaaahhh...) ¡¡Vaya zarpas!! Bueno, al final mi padre me lo endosó ya que era mi perro y que yo le tenía que sacar, algo que lo hice muy gustosamente. Aún así, mi padre me dijo que se había meado en todo el jardín, y le dije que tiempo al tiempo, hasta que se haga a su nuevo territorio, y que encima todavía mantenía el olor característico de Hommer.

Un dato muy importante y que tengo que recalcar porque ha sido comprobado por mí es que, si vas de paseo con tu Alaskan y os encontrais con un perro (en mi caso otro Alaskan de 10 años) que el tuyo nunca ha visto, después de sus olfateos correspondientes y viendo que en un principio se caen muy bien (y eso de que los dos eran machos), NUNCA, y repito, NUNCA dejes que el otro dueño acaricie a tu perro, ni tampoco acaricies al otro perro, por lo menos durante unos días. Ellos lo pueden interpretar como que les estás quitando su sitio en su manada. Y eso os puede traer graves consecuencias de convivencia a la larga. Es bueno explicarle al otro dueño las reticencias iniciales si ves que él hace ademán de acariciar al tuyo, o si ves que el suyo se acerca a ti. Lo entenderá a la perfección, pero se quedará con las ganas de acariciar a tu perro y tu al suyo. Recuerda que siempre habrá otros momentos más proclives para las caricias.

En ese segundo día, salí a comprar otro tipo de pienso (Breakies exceel MIX de carne). También quería comprarle una nueva equipación (vease collar, correa extensible, comedero, bebedero, peine,...) porque no quería que siguiera utilizando los mismos utensilios de mi pobre Hommer. Hommer era Hommer y Dyc es Dyc. Cuando salía de casa, Dyc ya me echaba de menos ya que oía sus ladridos cuando cerré la verja. Al volver a casa, una vez efectuadas las dichosas compras, me estaba esperando en la puerta moviendo su rabo, que más que rabo, parece un recoge polvos gigantesco. ¡¡¡Y vaya peazo de nudos!!! A ver si le llevo pronto a una peluquería canina. Volvía a tener la dichosa diarrea, pero había que darle tiempo al tiempo, y llevar siempre las dichosas toallitas húmedas en los bolsillos. Y era una gracia cómo cuando le ofrecí un poco del nuevo pienso con la mano, lo comía con esa delicadeza y gracia propia de el.

Decidí llevarle a darle una vuelta muy larga con el fin de que se habituara (y yo también) y de paso cansarle un poco (iluso de mí). Estuvo todo el rato olisqueando, pero en cuanto me paraba, pasado un corto espacio de tiempo venía a mi lado. No me tiraba mucho (comparado con la mala bestia que tenía antes), exceptuando cuando veía a algún perro con expresión de pocos amigos. Regañina al canto con su NO correspondiente y empecé a decir “dejalo” para cuando veía otro perro de las mismas características con algún que otro tirón de la correa (personalmente recomiendo collar tipo ahogador de nylon resistente, ó collar redondo. El collar de pinchos puede tener contraindicaciones).

Ya en casa, otra vez me acosté a las tantas de la noche por estar a su lado, dándole mimos y caricias de forma casi continua, con excepción de alguna que otra vez en que le decía que ya estaba harto de tanta zalamería con la palabra “llega”. Antes de irme, otra vez la palabra “chao” y esta vez el perro ya no se puso tan nervioso como la noche anterior.



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