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La aparición de Roy, Dyc o Dicky - pagina 2 PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Javier Busón   
Indice del artículo
La aparición de Roy, Dyc o Dicky
pagina 2
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Como anécdota que reflejaba realmente su carácter, una vez se me ocurrió dejarle en una residencia canina que es regentado por un Adiestrador profesional por unos días porque tenía que ir de viaje y no tenía a nadie que pudiera cuidar de mi perro. Le dije al entrenador que para ganarle, que le diera alguna que otra golosina mientras estaba con él. Cuando llegué a recogerlo, le pregunté qué tal se comportó, si había tenido problemas, etc.., y me contestó que muy bien, con excepción de que cuando le llenaban el cazo con agua, éste bebía y luego lo tiraba. Cuando me vio el perro, el adiestrador se impresionó de tal manera que se metió en la jaula de al lado y diciendo que no salía de ella, y que si necesitaba que sedara al perro. Imaginaros a un bicho de 45 kilos, con las patas apoyadas contra la verja, las orejas completamente levantadas, el lomo totalmente erizado, el rabo levantado hacía arriba, ladrando y gruñendome. Total, que le veo y le empiezo a decirle tonterías. En cuanto abrí la verja, le dije atrás pero el no cejaba en ladrar y gruñirme. Le empiezo a darle caletoñas, mimos y decirle de todo. Y seguía enfurruñao. Hasta que le dije que se sentara y le di alguna que otra chucheria, cosa que agradeció gustosamente, pero aún así seguía “cabreado”. A todo esto, la cara del entrenador era todo un poema contemplando tal situación. No daba crédito a sus ojos. Pero más se impresionó cuando le dije las palabras mágicas a mi perro... “¡¡¿Vamos a casa?!!” Me costó mucho sujetarle ya que tiraba la correa con tal fuerza hacía el coche que más de una vez estuve a punto de ser arrastrado literalmente por el perro hacía el coche y no hizo falta decirle nada cuando abrí la puerta. Se metió rápidamente y me empezó a ladrar como diciendo... ¡¡venga!!! ¡¡¡vamonos!!!. El entrenador flipaba en colores. Acostumbrado a ver a los perros saludar efusivamente a los dueños en cuanto los recogen, me comentó que era la primera vez en más de 15 años que llevaba en el ramo que había visto tal situación. Le costaba creerlo. Incluso, medio en broma, medio en serio, me propuso que fuera a trabajar con él por mi aplomo para con la situación de mi perro. El nunca había visto a un perro echarle una bronca de tal magnitud a su dueño por haberle dejado allí. Y esa fue la última vez que le llevé a una residencia. El perro prefería estar dos días solo en el jardín de casa antes que estar de nuevo en una residencia. Aún así me “echaba” la bronca, pero sólo a base de ladridos y algún que otro gruñido.

Sé que pagué muy caro ser “primerizo” en la educación canina, y encima con un perro muy dominante. Y sé que tuve que darle muchos palos (siempre con la mano). Me dolía darlos pero, o eso, evitando posibles quebraderos de cabeza posteriores, o “dormirle”. En más de una vez, sobretodo al principio de la separación de mi novia, tuve intención de darle en adopción pero, viendo su carácter, pensando que nadie querría un perro así, y que sólo yo conseguía manejarlo, también estuve tentado en “dormirle”. Pero mi forma de pensar era y sigue siendo completamente “rara” según mucha gente. Ante todo, uno debe ser consecuente con lo que se hace, y si uno ha decidido tener un perro, ha de tenerlo hasta el final porque el perro no puede pensar por ti. Y al final se quedó conmigo hasta el final de sus días. Sé que, a pesar de que muchas veces era duro con él, él estaba ahí. Cuando estaba triste, venía a mi lado para que le hiciera alguna caricia, tranquilamente (bueno, menos brutote), o simplemente se quedaba a mi lado. Cuando estaba con buen humor traía una de sus pelotas para jugar con el. El me entendía, y yo le entendía.

Lloré desconsoladamente cuando le diagnosticaron un tumor, posiblemente maligno, en el pulmón. Y eso le estaba afectando a las extremidades, con un proceso de calcificación extra-ósea. El veterinario ni quiso hacer una biopsia porque podría quedarse en el quirófano debido a la rapidez y al estado avanzado en que se encontraba, y que lo mejor que podría hacer era darle la mejor calidad de vida que le quedaba. El diagnóstico era pésimo. Y su tiempo de vida era peor. Como mucho 1 mes, pero al final, me duró unos 5 meses más, tiempo que aproveché para resarcirle del pasado en todo lo que pude.



Comentarios
MaD  - Broncas por dejarles??   |19-11-2008 16:04:08
Vaya, parece que mi Nano no es el único que se enfada por quedarse sólo.
La primera vez que me separé de él tuve que ir 3 semanas a Amsterdam. Se quedó con mi ex, pero cuando volví a casa... tela.
Abrí la puerta y en lugar de estar rascando como un loco (lo hacía antes) estaba completamente quieto, con la cabeza y la cola completamente levantadas, como diciendo: "se puede saber donde has estado?" Vamos, ni mis padres me recibieron así en mi primera escapada nocturna.
Según terminé de abrir y me agaché para abrazarle se giró, dio unos pasos y se tumbó de espaldas a mí. Me acerqué y se fué unos pasos más allá.
Estuvo ásí esa noche y el día siguiente, tumbándose delante de donde yo me pusiera, pero siempre de espaldas.
A la noche siguiente después de llevar un rato acostada saltó encima de la cama y se puso a revolverme la coleta con las patas y a pegarme hocicazos como un loco. Se le había pasado.
Desde entonces, cuando se me tumba delante de espaldas... malo.
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