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Página 2 de 7 Luego, un buen día, aparece otro humano con algo pequeño en la mano. Parece que me hizo algunas fotos pero lo mejor de todo ¡¡¡es que llevaba chuches!!! ¡¡¡Qué delicia!!! ¡¡¡Cuánto tiempo sin probarlas!!! Me animé muchísimo, y estaba muy contenta ya que allí había dos amitos en vez de uno. Tenía donde pedir mimos. Me dijo algo así que me iba a buscar una nueva casita con un nuevo amo, y que era cuestión de tiempo. Pero se fue el tipo ese se fue, el tiempo fue pasando y nadie más me visitaba.¿Porqué me habían encerrado allí? ¿Porqué nadie más me quería? Estaba cada día más triste. Lloraba y lloraba pero nadie me consolaba. Mis compañeros estaban igual de tristes que yo. Ya estaba por tirar la toalla y dejarme vencer por la soledad. Un día me llevan a donde estaba ese señor de verde al que tanto le odio. Al final me duermen y me despierto con unos puntos en mi tripita. Aiiiiii, qué malita me encontraba. Lo bueno es que al final pude dormir sobre blandito porque me pusieron una mantita. Una tarde, escucho un coche. Llegaba el que me cuidaba para darme algo de comer y sacarme a pasear un rato. Pero había otros sonidos. Y otro olor. ¿Otro olor? Qué raro. Escucho como mi cuidador hablaba con ellos y reconocí una voz. Era la de aquel tipo que vino una vez ¡¡con chuches!! ¡¡Uy’s!! ¡¡Me puse todo contenta!! ¿Vendría a por mí? Esperaba que así fuera. Pero me mosqueaba “ese olor”. Parecía otro congénere mio. Oigo como le dicen su nombre, algo así como “Roy”. Qué raro era todo. De repente le veo pasar corriendo de uno al otro lado. Y se para en la jaula de al lado donde había unos gatillos. Y se pone a ladrar. Yo tampoco quería ser menos, así que también me puse a ladrar, buenos, a aullar más que a ladrar. De repente, se abre la puerta y entra aquel tipo a darme mimos. ¡¡Y chuches!! ¡¡Qué ricos estaban!! ¿Me llevaría con el? Luego, en un momento, veo al otro Alaskan y nos enfrentamos. Como yo era la jefa del lugar, tenía que ponerle firme al otro. Pero la cosa salió mal. Estaba recién operada y un poco flacucha. Con lo que el otro me mordió de lo lindo. Yo lloraba y lloraba. Me rindo y el otro sale de la jaula ordenado por el tipo de las chuches. Era el amo de ese Alaskan. Pero le noto muy triste. Vio que me salía algo de sangre cerca del ojo, y se acercó con algo blanco y me empieza a darme mimos mientras me va limpiando la herida. Su mirada me decía que me iba a llevar, a sacar de ese infierno, pero su compañero fue más fuerte, y ¡¡algo brutote conmigo!!
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